El día a día de los repartidores a través del tiempo

Cuando se acerca la hora de cenar es el momento en el que los repartidores hacen su verdadera aparición. Si bien es cierto que pueden estar activos durante todo el día, son esas horas punta en las que veremos su saber hacer en todo su esplendor. Aumentan ese frenético ritmo de recogida y entrega de paquetes, carreras por toda la ciudad y malas propinas durante un periodo de tiempo en el que no pueden permitirse ni ir al servicio. Si quieres ver cómo trabajan y cómo son capaces de moverse velozmente con gracia y soltura, aguarda agazapado cerca de un restaurante de comida rápida. Pero ten cuidado: si te ven, huirán corriendo en su ciclomotor.

Mucho ha cambiado el reparto de comida durante su historia. No creáis que se trata de un fenómeno moderno que llegó con las grandes cadenas de restaurantes. Si os fijáis en la siguiente fotografía, os daréis cuenta de que los repartidores cuentan con una larga tradición:

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Sí, es una foto en blanco y negro, por lo que te puedes imaginar que es bastante antigua. Como puedes ver, la habilidad de estos repartidores japoneses de entonces dista mucho de la que gozan los actuales. No creo que los muchachos que envíen su currículum a cualquier restaurante cuenten los malabarismos o un increíble equilibrio entre sus capacidades más destacadas. Ahora solo necesitan un buen sentido del trabajo y un ciclomotor. Aunque durante los últimos años, también se está poniendo muy de moda una carrera universitaria.

Seguro que todos los repartidores cuentan con miles de anécdotas que obtienen de sus largas noches de trabajo. Al final, visitas muchísimas casas de personas y puedes acabar encontrando todo tipo de especímenes dentro de sus hogares, donde se sienten más cómodos y pueden manifestarse sin pudor.

Hoy en día, los peligros que acechan al repartidor de comida son mucho mayores que antaño. Para empezar, existe mucho más tráfico que el que había en aquellas calles de Japón. Por mucho equilibrio que tenga, no me imagino a ninguno de esos repartidores pasando entre los coches en las calles de nuestras ciudades actuales. Si alguien puede realizar esos malabares mientras hace zig-zag entre los coches a 50 km/h, creo que no estaría repartiendo comida. Seguramente ya estaría en el Circo del Sol o en “Tú sí que vales”.

Sin embargo, también nos tranquiliza saber que aún existen buenos samaritanos que están dispuestos a ayudar a nuestros queridos repartidores. ¿No te lo crees? Aquí va otra fotografía como prueba:

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Así es, la policía repartiendo pizzas. Esto sucedió hace unas semanas en Portland, en Estados Unidos. Un repartidor de pizza tuvo un pequeño accidente y se lesionó en el cuello. Los policías que acudieron al lugar se ofrecieron a ayudar al repartidor a acabar su reparto. Lo que no sabemos es si se quedaron la propina o se la dieron al chico. Por cierto, el chico aún se está recuperando, pero se encuentra perfectamente.

Pero nuestra historia parece que no va a tener un final feliz. Varias compañías internacionales del campo tecnológico están trabajando en diferentes prototipos de repartidores robóticos. Sí, señores, puede que la larga extirpe de repartidores de comida llegue a su fin si se perfeccionan estos robots. Por otro lado, seguro que también conocéis las noticias que van saliendo sobre el uso de drones por parte de grandes empresas como Google o Amazon. Sí, quieren utilizar estos aparatos voladores para repartir todo tipo de paquetes. Quizás en unos años, levantemos nuestra mirada al cielo y veamos cientos de estos pájaros metálicos.

De momento, podemos seguir disfrutando de la inmensa labor que hacen estos repartidores anónimos alrededor del mundo. No importa el tiempo que haga. No importa el medio en el que se transporten. No importa si es comida china, japonesa, italiana o tailandesa. Ellos siempre estarán allí, puntuales, con una gran sonrisa, justo a tiempo para evitar que empieces a comerte tu propio brazo por el hambre. No se os reconoce toda la labor que realizáis, ni en reconocimiento, ni en sueldo, ni en propinas, ni en apertura de puertas en ropa interior. Gracias a todos esos héroes anónimos. Gracias a los repartidores.

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